
Cada mes de mayo cuando estaba en el colegio se celebraba el mes de la virgen María. Durante esos 30 días cada sección por turnos debía realizar un homenaje con cánticos, poesías, oraciones o lo que la originalidad demandara.
Recuerdo que tenía (tengo aún) un hermoso libro de aquella época. Un librito llamada Estampas de la Virgen en el cual habian no sólo pasajes sobre la vida de la virgen sino poemas cánticos, alabanzas y demás que hacían de esa publicación, la delicia y envidia de mis profesores y compañeras. Dicha maravilla me fue obsequiada por mi tía Lastenia durante una de las frecuentes visitas a su casa durante esa época.
Imposible olvidar tampoco la vez que me disfrazaron de ángel y desfilé por las calles de Barranco echando pétalos de flores por doquier. Yo usaba anteojos y me sentía avergonzada de desfilar con ellos, pero mis parientes me convencieron de hacerlo aduciendo que también el Arcángel San Gabriel llevaba gafas al leerle la anunciación a la virgen María. Sólo un niño o sólo la niña Carla sería capaz de creer semejante fantasía.
Traigo a mi mente estas memorias debido fundamentalmente a que hoy es 30 de agosto, festividad de Santa Rosa de Lima y he estado reflexionando acerca de lo que solemos creer en nuestra infancia y que ahora parece tan lejano, tan truculento incluso.
Aunque la historia sublimizada de una mujer hermosa que renunciaba a todo por entregarse a Di0s no dejaba de ser fascinante, debo confesar que yo estaba más deslumbrada por el hecho de la supuesta comunicación que ella tenía con los mosquitos que pululaban por su ermita y que la acompañaban en sus alabanzas. En esa época aún no aprendia que a los animales no se les entiende con las palabra sino con el alma.
Recuerdo que Santa Rosa nunca me dio lo que se dice "buena espina". Y despuès de varios años de leer artículos sobre la santa limeña confieso que mis ilusiones de niña se han desvanecido completamente. Ahora soy creyente de que ella fue sólo un mero instrumento de dominación. España buscaba afianzar su dominio sobre las nuevas tierras a través de la religión y el advenimiento de una santa era un estrategia por demás efectiva.
Recuerdo que tenía (tengo aún) un hermoso libro de aquella época. Un librito llamada Estampas de la Virgen en el cual habian no sólo pasajes sobre la vida de la virgen sino poemas cánticos, alabanzas y demás que hacían de esa publicación, la delicia y envidia de mis profesores y compañeras. Dicha maravilla me fue obsequiada por mi tía Lastenia durante una de las frecuentes visitas a su casa durante esa época.
Imposible olvidar tampoco la vez que me disfrazaron de ángel y desfilé por las calles de Barranco echando pétalos de flores por doquier. Yo usaba anteojos y me sentía avergonzada de desfilar con ellos, pero mis parientes me convencieron de hacerlo aduciendo que también el Arcángel San Gabriel llevaba gafas al leerle la anunciación a la virgen María. Sólo un niño o sólo la niña Carla sería capaz de creer semejante fantasía.
Traigo a mi mente estas memorias debido fundamentalmente a que hoy es 30 de agosto, festividad de Santa Rosa de Lima y he estado reflexionando acerca de lo que solemos creer en nuestra infancia y que ahora parece tan lejano, tan truculento incluso.
Aunque la historia sublimizada de una mujer hermosa que renunciaba a todo por entregarse a Di0s no dejaba de ser fascinante, debo confesar que yo estaba más deslumbrada por el hecho de la supuesta comunicación que ella tenía con los mosquitos que pululaban por su ermita y que la acompañaban en sus alabanzas. En esa época aún no aprendia que a los animales no se les entiende con las palabra sino con el alma.
Recuerdo que Santa Rosa nunca me dio lo que se dice "buena espina". Y despuès de varios años de leer artículos sobre la santa limeña confieso que mis ilusiones de niña se han desvanecido completamente. Ahora soy creyente de que ella fue sólo un mero instrumento de dominación. España buscaba afianzar su dominio sobre las nuevas tierras a través de la religión y el advenimiento de una santa era un estrategia por demás efectiva.
Pero sobre todo pienso que la lllamada Patrona de las Américas era una persona con graves padecimientos mentales que la hacian lacerarse y autoflagelarse de una forma espantosa y que sus visiones eran productos básicamente de brotes psicóticos, tal como acota Mariano Querol en una interesante artículo en la Revista Dedomedio.
Soy católica aún por cultura, por costumbre quizás, pero ya no voy a la iglesia como antes lo hacía. Creo en Dios, como una fuerza de la cual fueron creados seres tan maravillosos como los animales, pero no en sacerdotes que muchas veces pecan de crueldad y de soberbia como cualquier ser humano, que son capaces de asistir a fiestas taurinas y cometer delitos de pedofilia y ejercer furibundas maniobras politicas para lograr poder hasta el extremo incluso de coludirse con la mafia para asesinar a un Papa.
Los ultimo acontecmientos en Bélgica donde una víctima de abuso sexual por un sacerdote grabó al Cardenal Godfried Danneels pidiéndole que no denuncie el caso, confirma cada vez vez mi lejanía de una iglesia que no sólo no ha sabido mantenerse al ritmo de los nuevos tiempos, sino que suele estar cubierta de escándalos, de hipocrecias y de falacias.
Dicen que no todos los hombres son iguales, y tampco puedo decir que todos los sacerdotes son iguales. Deben existir algunos que sí verdaderamente han logrado desarrollar un compromiso espiritual genuino pero esos son definitvamente la minoría.
Pero mi escepticismo no sólo ha alcanzado a la iglesia católica. Todo discurso exacerbadamente religioso, punitivo o pseudo-aleccionador me genera una desconfianza espantosa. Son aquellas mismas personas que muchas veces se llenan la boca con conceptos como bondad, hermandad, compasión y pureza, las que suelen cometer en mayor cantidad los pecados que censuraban o -peor aun para mí- exhiben absoluta indiferencia hacia otro tipo de dolor que no sea el humano. Nosotros, los animalistas, al rescatar un animal lo sacamos de su dolorosa condición para buscarle una vida mejor: ¿cuántos de los que pregonan rectitud y amor al prójimo toman un niño vagababundo de las calles y lo llevan a su casa y le cambian la vida haciéndolo parte de su familia?
A veces extraño a esa niña que leía salmos cada mayo, pero entiendo que todo es parte de inevitable proceso de crecer. La fe en Dios no la he perdido, me da fuerzas para revitalizarme, para alabarlo por habernos enviado ángeles como los animales. Pero es la fe en las personas la que va perdiéndose poco a poco.
Soy católica aún por cultura, por costumbre quizás, pero ya no voy a la iglesia como antes lo hacía. Creo en Dios, como una fuerza de la cual fueron creados seres tan maravillosos como los animales, pero no en sacerdotes que muchas veces pecan de crueldad y de soberbia como cualquier ser humano, que son capaces de asistir a fiestas taurinas y cometer delitos de pedofilia y ejercer furibundas maniobras politicas para lograr poder hasta el extremo incluso de coludirse con la mafia para asesinar a un Papa.
Los ultimo acontecmientos en Bélgica donde una víctima de abuso sexual por un sacerdote grabó al Cardenal Godfried Danneels pidiéndole que no denuncie el caso, confirma cada vez vez mi lejanía de una iglesia que no sólo no ha sabido mantenerse al ritmo de los nuevos tiempos, sino que suele estar cubierta de escándalos, de hipocrecias y de falacias.
Dicen que no todos los hombres son iguales, y tampco puedo decir que todos los sacerdotes son iguales. Deben existir algunos que sí verdaderamente han logrado desarrollar un compromiso espiritual genuino pero esos son definitvamente la minoría.
Pero mi escepticismo no sólo ha alcanzado a la iglesia católica. Todo discurso exacerbadamente religioso, punitivo o pseudo-aleccionador me genera una desconfianza espantosa. Son aquellas mismas personas que muchas veces se llenan la boca con conceptos como bondad, hermandad, compasión y pureza, las que suelen cometer en mayor cantidad los pecados que censuraban o -peor aun para mí- exhiben absoluta indiferencia hacia otro tipo de dolor que no sea el humano. Nosotros, los animalistas, al rescatar un animal lo sacamos de su dolorosa condición para buscarle una vida mejor: ¿cuántos de los que pregonan rectitud y amor al prójimo toman un niño vagababundo de las calles y lo llevan a su casa y le cambian la vida haciéndolo parte de su familia?
A veces extraño a esa niña que leía salmos cada mayo, pero entiendo que todo es parte de inevitable proceso de crecer. La fe en Dios no la he perdido, me da fuerzas para revitalizarme, para alabarlo por habernos enviado ángeles como los animales. Pero es la fe en las personas la que va perdiéndose poco a poco.
Aunque debo confesar que aún a veces, escondida, sigo cantando el Salve Salve, en voz muy baja, para no escucharme a mí misma.
La melodía es muy pegajosa , no me culpen.
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